
“Nunca nos sentí apuradas. Me sentí escuchada.”
“Johanna, gracias por la forma en que nos acompañaste. Desde el primer día sentí respeto. Nos explicaste todo con calma, nos escuchaste de verdad y nunca nos sentí presionadas. En un momento tan delicado, eso marcó la diferencia.”
— María
Planear juntas también fue una forma de amor.
“Mi mamá y yo vinimos juntas. Hablamos de todo: cómo quería que fuera, dónde quería estar, incluso pensamos en mí para el futuro. No fue una conversación triste. Fue íntima, tranquila. El día que ella partió, yo sabía exactamente qué hacer… y sentí paz.”
— Laura
“Mi hijo pensó en todos nosotros.”
“Cuando llegamos y nos dimos cuenta de que todo ya estaba elegido, nos quebramos. Él había pensado en su papá, en mí, en sus amigos. No tuvimos que tomar decisiones en medio del dolor. Solo acompañarlo. Eso lo cambió todo.”
— Ana G
‘Menos mal que lo hicimos.’
“Al principio mi esposo no quería prepararse. Yo insistí. Cuando llegó el momento, entendimos por qué. Los precios habían subido tanto que no hubiéramos podido hacer nada igual. Nuestros hijos me dijeron: gracias por haber pensado en nosotros.”
— Carmen L
Prepararse también puede ser un acto de valentía.
“Nunca pensé que alguien tan joven estuviera planeando esto. Pero cuando su familia llegó y vio todo lo que él había elegido con tanto cuidado, el dolor fue distinto. No fue caos. Fue amor. Fue respeto.”
— Johanna
Acompañamiento que se siente humano.
“En todo momento sentimos empatía. Nos trataron con dignidad, se adaptaron a nuestras necesidades y nunca nos hicieron sentir como un número. Sentimos que nuestra familia era prioridad.”
— Michael